Fútbol: El rojo grito campeón en el lago
Una final, un súper clásico, noventa minutos a todo o nada, a ser o dejar de ser. Un partido, la número cinco, veintidós jugadores y la verdad por delante. Una pasión. Un color, el que determina burlas o envidia.
El juego en el que las emociones y nervios pesaban más que el húmedo césped del campo celeste, castigado durante el fin de semana por la lluvia pero en buenas condiciones para recibir la definición del Clausura 2011.










